All Hallows’ Eve: cómo la víspera de Todos los Santos se convirtió en un Halloween paganizante y comercial

Resumen

Del culto a los santos al negocio del miedo: cómo Halloween se transformó, por qué Samhain no explica por sí solo su origen y qué perdió el calendario litúrgico en 1956.

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El 31 de octubre fue la vigilia litúrgica de Todos los Santos, orientada a honrar a los bienaventurados y preparar los sufragios por los difuntos. Este artículo reconstruye cómo diversas costumbres populares cambiaron de significado tras la Reforma protestante inglesa y cómo el Halloween estadounidense se transformó en una celebración de disfraces, terror y consumo. Examina las prácticas de «souling», el auge del «trick or treat», el mito de una filiación pagana directa desde Samhain y la supresión de la vigilia romana efectiva en 1956. Contrasta la fiesta comercial con la doctrina católica sobre superstición y recreación, y reclama recuperar el sentido cristiano de la fecha.

Contenido del artículo ➕📄

INTRODUCCIÓN
1. EL NOMBRE QUE SOBREVIVIÓ: LOS SANTOS, LA MUERTE Y LA ESPERANZA CRISTIANA
2. INGLATERRA: CUANDO LA REFORMA COMBATIÓ LOS SUFRAGIOS, PERO SOBREVIVIERON LAS COSTUMBRES
3. ESTADOS UNIDOS: LA NOCHE SE CONVIERTE EN ENTRETENIMIENTO Y DESPUÉS EN MERCANCÍA
4. SAMHAIN: EL SUPUESTO ORIGEN PAGANO NO EXPLICA LA TRANSFORMACIÓN MODERNA
5. LA VIGILIA SUPRIMIDA EN 1956: UN CONTRASTE LITÚRGICO QUE MERECE SER RECORDADO
6. EL JUICIO CATÓLICO: DIVERTIMIENTO SUPERFLUO, PAGANIZACIÓN Y SUPERSTICIÓN
CONCLUSIÓN. UNA NOCHE RENTABLE, UNA MEMORIA DESALOJADA

El 31 de octubre tuvo una Misa propia en el calendario romano: la vigilia de Todos los Santos. Su oración colecta pedía a Dios más gracia para que los fieles siguieran el ejemplo de aquellos cuya solemnidad se disponían a celebrar. Hoy, esa misma fecha aparece cubierta de máscaras monstruosas, brujas, vampiros, fantasmas y decoraciones de terror. La industria vende sustos, disfraces y golosinas; el nombre de la fiesta, sin embargo, sigue pronunciando una verdad que su imagen comercial ha relegado: «Halloween» deriva de «All Hallows’ Eve», la víspera de Todos los Santos. Bajo el reclamo del entretenimiento se ha producido un desplazamiento cultural identificable: la santidad que daba significado a la jornada ha perdido el protagonismo frente a la escenificación de lo macabro. [1] [2]

La transformación siguió un proceso histórico reconocible. Las conmemoraciones católicas de los santos y de las almas se entrelazaron con costumbres regionales; la Reforma protestante combatió en Inglaterra las oraciones por los difuntos; las tradiciones insulares adquirieron una nueva fisonomía en Norteamérica, y la industria del siglo XX terminó por proporcionarles personajes, mercancías y una enorme difusión. En 2026, una asociación estadounidense de comerciantes calcula que sus consumidores destinarán 13.500 millones de dólares a Halloween. Esa previsión no mide creencias religiosas, pero evidencia hasta qué punto la fiesta funciona como una institución del consumo. El problema que merece examinarse es qué se ha conservado, qué ha sido expulsado y qué nuevo significado ocupa ahora el lugar de la antigua víspera católica. [3]


1. EL NOMBRE QUE SOBREVIVIÓ: LOS SANTOS, LA MUERTE Y LA ESPERANZA CRISTIANA

La celebración común de los santos procede de la antigua veneración de los mártires. En diversas regiones del mundo cristiano existían conmemoraciones colectivas antes de que se fijara en Occidente el 1 de noviembre. En Roma, Bonifacio IV dedicó el Panteón a la Santísima Virgen y a todos los mártires el 13 de mayo de 609 o 610; Gregorio III (731-741) instituyó en San Pedro una dedicación a los apóstoles, mártires, confesores y otros justos, ligada a la consolidación romana de la fiesta de noviembre. En el siglo IX, durante el pontificado de Gregorio IV y el reinado de Ludovico Pío, su celebración se difundió con mayor amplitud en Occidente. La historia de esta solemnidad es, por tanto, la de un desarrollo del culto cristiano a los bienaventurados a lo largo de varios siglos. [4]

Su contenido está definido por la doctrina de la comunión de los santos. Los bienaventurados participan de la gloria de Jesucristo, interceden por los miembros de la Iglesia todavía peregrinos y les ofrecen ejemplos de fidelidad. Al día siguiente, 2 de noviembre, la conmemoración de los fieles difuntos —cuya extensión recibió un impulso decisivo de los monasterios de Cluny— dirige la caridad de los vivos hacia las almas del purgatorio mediante la oración y especialmente la Misa. La sucesión expresa una unidad: la Iglesia militante honra a la triunfante y socorre a la purgante. La muerte es considerada a la luz del juicio divino y de la vida eterna, y el recuerdo de los difuntos conduce a un acto de religión y de caridad. [5]

San Pío X expresa ese programa con una precisión que vuelve visible la pérdida posterior. Su Catecismo Mayor, pregunta 208 de la edición italiana consultada, explica que la Iglesia instituyó Todos los Santos para dar gracias a Dios por sus siervos glorificados, honrar también a los santos sin fiesta propia, invocar su intercesión e impulsar a los fieles a la virtud mediante su ejemplo. La pregunta 212 vincula expresamente la solemnidad del 1 de noviembre con el sufragio que la Iglesia militante ofrece al día siguiente a la Iglesia purgante. El Catecismo de la Iglesia Católica conserva estas mismas enseñanzas acerca de la comunión con los santos y de la ayuda espiritual a los difuntos (nn. 957-958). La finalidad original es clara: honrar la santidad y socorrer a los muertos, no hacer de la muerte un espectáculo. [6]

La vigilia del 31 de octubre reforzaba esa orientación. Un misal romano anterior a 1955 incluía una Misa propia cuyos textos hablaban de la gloria de los santos, de su intercesión y de la preparación espiritual de los fieles. Su colecta comenzaba: «Dómine, Deus noster, multiplica super nos grátiam tuam» («Señor Dios nuestro, multiplica sobre nosotros tu gracia», traducción propia). La liturgia daba, pues, a la víspera un contenido reconocible y explícito. Junto a ella podían existir comidas, visitas, relatos y otras costumbres populares; éstas poseían historias diversas y no recibían automáticamente la naturaleza de un acto litúrgico por celebrarse en las mismas fechas. [2]


2. INGLATERRA: CUANDO LA REFORMA COMBATIÓ LOS SUFRAGIOS, PERO SOBREVIVIERON LAS COSTUMBRES

El primer cambio de gran relevancia en esta investigación no fue la aparición de disfraces, sino una ruptura en la doctrina sobre los difuntos. En la Inglaterra de los siglos XVI y XVII, las autoridades de la Reforma protestante persiguieron las expresiones vinculadas al purgatorio y a la intercesión de los vivos por los muertos. Peter Marshall, en «Beliefs and the Dead in Reformation England», estudia el esfuerzo de obispos, teólogos y clérigos de época isabelina y jacobea por erradicar esas prácticas, incluidos repiques de campanas que continuaban recordando la fecha de Halloween. Se intentó transformar el modo en que la sociedad conmemoraba a sus muertos mediante disposiciones y sustituciones rituales concretas. La pérdida del sentido católico de determinados usos fue aquí el resultado de una confrontación confesional documentada. [7]

Una costumbre medieval permite apreciar la diferencia entre conservar un gesto y conservar su razón de ser. En diversas comarcas inglesas, personas pobres recorrían casas y recibían pequeños panes o pasteles llamados «soul cakes». A cambio, rezaban por los parientes difuntos de quienes ofrecían el alimento. La práctica reunía dos actos que la teología católica vinculaba naturalmente: la limosna hacia los necesitados y el sufragio por las almas del purgatorio. Michael Carter, historiador de English Heritage, recoge un testimonio de John Mirk hacia 1400 y una descripción de Thomas Blount en 1674 que menciona su persistencia entre católicos ingleses. La misma tradición sobrevivió también en ambientes no católicos; los gestos podían continuar mientras el fundamento doctrinal que los explicaba dejaba de ser compartido. [8]

La experiencia inglesa deja ver un mecanismo histórico concreto: las conmemoraciones religiosas pueden conservar costumbres exteriores después de una ruptura con sus creencias constitutivas. En algunas regiones persistieron el reparto de alimentos y las visitas domiciliarias; en otras se desarrollaron disfraces, juegos y prácticas de «guising», de procedencia y función diferentes. El antiguo conjunto de culto, caridad y memoria de las almas dejó de ser la referencia común que ordenaba todas esas expresiones. [7] [8]


3. ESTADOS UNIDOS: LA NOCHE SE CONVIERTE EN ENTRETENIMIENTO Y DESPUÉS EN MERCANCÍA

Durante los siglos XVIII y XIX, inmigrantes procedentes de Irlanda y Escocia transmitieron a Norteamérica usos festivos y folclóricos asociados al fin de octubre. Su evolución adquirió allí características propias. En el siglo XIX y comienzos del XX, la jornada se relacionó en numerosas localidades con bromas callejeras, alteraciones del orden y daños a la propiedad. La historiadora Lesley Bannatyne reúne testimonios concretos: desde pequeños actos de hostigamiento a vecinos hasta explosivos y otros destrozos. Las comunidades promovieron formas de celebración supervisadas, fiestas para niños y visitas ordenadas a los hogares. La antigua noche de bromas fue convertida gradualmente en una actividad infantil aceptada y reproducida por los barrios. [9]

La práctica de pedir dulces mediante la fórmula «trick or treat» se difundió en el siglo XX y alcanzó gran popularidad después de la Segunda Guerra Mundial. Los medios de comunicación y las empresas alimentarias contribuyeron a normalizarla. Bannatyne recuerda la circulación de esa costumbre por revistas, programas de radio, televisión y producciones cinematográficas; entre los ejemplos se encuentra el cortometraje de Disney «Trick or Treat», de 1952. La fábrica, la pantalla y la publicidad comenzaron a definir los ritos sociales de una fecha que podía celebrarse ya sin conocer la comunión de los santos ni ofrecer una sola oración por los difuntos. [9]

El cine de terror profundizó la transformación. La noche de Halloween se convirtió en escenario recurrente de películas y personajes que alimentaban la venta de máscaras, decoraciones y disfraces. Nicholas Rogers dedica a ese desplazamiento cultural un capítulo de su historia de Halloween, titulado «Halloween Goes to Hollywood». La lógica del nuevo festejo era expansiva: cada personaje aterrador podía incorporarse a la fiesta, reaparecer en los escaparates y pasar a formar parte de un repertorio visual reconocible internacionalmente. El comercio no necesitaba transmitir la memoria cristiana de la fecha; bastaba reproducir los signos del miedo y convertirlos en objetos apetecibles para el consumidor. [10]

La National Retail Federation publicó el 22 de septiembre de 2026 su encuesta anual sobre Halloween. Estimó un gasto estadounidense de 13.500 millones de dólares, calculó que el 74 % de los consumidores planeaba participar y señaló que, entre los adultos, 4,8 millones preveían disfrazarse de bruja y 4,2 millones de vampiro. El sondeo incluyó a 7.889 personas y se refiere a intenciones de consumo, no a ventas ya realizadas. Las cifras revelan la dimensión económica alcanzada por un festejo organizado alrededor de disfraces, golosinas, decoración y espectáculos. La memoria de los santos es prescindible para el funcionamiento de ese mercado; las máscaras y las mercancías, no. [3]

La sustitución cultural queda así documentada en su mecanismo y en su resultado. Las comunidades transformaron una ocasión de costumbres populares en una festividad infantil; las empresas contribuyeron a darle continuidad comercial; el cine y la publicidad multiplicaron sus figuras dominantes. Lo que hoy se exporta como Halloween no es la víspera del misal romano, sino una elaboración moderna centrada en el entretenimiento y el consumo. Conserva su denominación cristiana y ha adquirido un contenido público distinto.


4. SAMHAIN: EL SUPUESTO ORIGEN PAGANO NO EXPLICA LA TRANSFORMACIÓN MODERNA

La difusión de Halloween ha ido acompañada de otra transformación: una interpretación de su pasado que lo presenta como la continuación de Samhain, supuesto año nuevo de todos los pueblos celtas y gran celebración pagana de los muertos. Samhain fue una fecha significativa en la tradición irlandesa, asociada al tránsito estacional hacia el invierno, y figura en narraciones medievales con episodios sobrenaturales. La identificación de esa fiesta con un año nuevo celta universal y con una conmemoración colectiva de los difuntos pertenece, sin embargo, a una reconstrucción erudita cuya prueba histórica ha sido cuestionada de manera expresa. [11]

En su artículo «The Celtic New Year and Feast of the Dead», publicado en «Folklore» en 2024, Ronald Hutton reconstruye la influencia de John Rhys y James George Frazer sobre esta interpretación. Su conclusión es terminante respecto del estado de la evidencia: las pruebas del supuesto año nuevo celta son indirectas, especulativas e inconcluyentes; las de una gran fiesta de los muertos son prácticamente inexistentes. Hutton considera que ambas proposiciones deben dejar de repetirse como hechos demostrados acerca de las sociedades de la Edad del Hierro. La obra de Nicholas Rogers estudia el encuentro de tradiciones diversas en la formación de Halloween, cuestión distinta de acreditar un decreto pontificio dirigido a reemplazar un culto celta determinado. [10] [11]

La documentación permite, en consecuencia, distinguir dos asuntos que suelen confundirse. El primero es la existencia de tradiciones precristianas que pudieron incorporarse a costumbres regionales; el segundo es la afirmación de que la solemnidad católica del 1 de noviembre fue diseñada como sustituto de Samhain. La primera cuestión pertenece al estudio histórico del folclore; la segunda requiere pruebas sobre una decisión y una intención eclesiásticas concretas que esa narración popular no aporta. Esta distinción fortalece la tesis del artículo: la paganización simbólica y la secularización comercial contemporáneas pueden demostrarse a partir de su propia historia, sin construirles un pasado remoto que las fuentes no garantizan.


5. LA VIGILIA SUPRIMIDA EN 1956: UN CONTRASTE LITÚRGICO QUE MERECE SER RECORDADO

La Iglesia romana conservaba una Misa propia para el 31 de octubre cuando Halloween ya se difundía como festejo popular estadounidense. Esa vigilia desapareció del calendario romano general por una disposición promulgada bajo Pío XII. El decreto «De rubricis ad simpliciorem formam redigendis», fechado el 23 de marzo de 1955, conservó determinadas vigilias y estableció en su título II, apartado «De vigiliis», número 9: «Omnes aliae vigiliae, etiam quae calendariis particularibus sunt inscriptae, supprimuntur» («Se suprimen todas las demás vigilias, incluso las inscritas en calendarios particulares», traducción propia). La de Todos los Santos no figuraba entre las conservadas. El propio decreto fijó su entrada en vigor para el 1 de enero de 1956. Es un hecho documental localizado en «Acta Apostolicae Sedis», volumen 47 (1955), páginas 219-220. [12]

La decisión fue disciplinar: la solemnidad del 1 de noviembre y la doctrina de la comunión de los santos permanecieron. Pero la pérdida de la vigilia también fue real. Mientras una industria norteamericana fortalecía la presencia pública de Halloween, una forma litúrgica tradicional de preparación para Todos los Santos dejaba de celebrarse en el calendario general romano. Los procesos tuvieron causas distintas; su contraste histórico permite apreciar con especial claridad la desigual supervivencia de los signos de aquella jornada. El comercio multiplicó las manifestaciones externas de Halloween; la liturgia romana perdió una de las suyas.


6. EL JUICIO CATÓLICO: DIVERTIMIENTO SUPERFLUO, PAGANIZACIÓN Y SUPERSTICIÓN

La transformación cultural tiene consecuencias morales que deben juzgarse según su naturaleza. Por «secularización» se entiende aquí que el festejo popular se organiza sin referencia necesaria al culto católico; por «paganización simbólica», que se concede protagonismo festivo a figuras y representaciones vinculadas a la hechicería, los espíritus o imaginarios religiosos contrarios a la fe; por «superstición», la atribución indebida de poderes sobrenaturales a cosas y actos, o la ejecución de prácticas de adivinación, magia e invocación. La diferencia es objetiva: repartir golosinas no constituye evocación de muertos; practicar la evocación de muertos sigue siendo supersticioso aunque se presente como juego. El criterio no cambia con el calendario, la moda ni la intención publicitaria. [13] [14]

Santo Tomás de Aquino examina la superstición como vicio opuesto a la religión en la «Summa Theologiae», II-II, cuestión 92, y las observancias supersticiosas en la cuestión 96. También reconoce, en II-II, cuestión 168, artículo 2, la legitimidad del esparcimiento honesto sujeto a la razón. Una actividad recreativa puede ser lícita por su objeto y circunstancias; una práctica adivinatoria u ocultista no se transforma en legítima porque se incorpore a una fiesta. El discernimiento exige atender al acto realizado y a su finalidad, y permite condenar sin ambigüedad aquello que efectivamente vulnera el primer mandamiento. [13]

La continuidad catequética confirma esta enseñanza. El Catecismo Mayor de San Pío X define la superstición en su pregunta 361, condena el trato con el demonio en las preguntas 364-365 y declara ilícitas las prácticas espiritistas en la 366. El Catecismo de la Iglesia Católica, números 2110-2117, reprueba igualmente la adivinación, la evocación de los muertos, la magia y la hechicería. Se trata de doctrina moral, distinta de las valoraciones prudenciales que puedan formularse sobre un disfraz concreto o una diversión familiar. [14]

Pero detener el análisis en la licitud de cada acto individual dejaría intacto el problema cultural. En la tradición cristiana, las calaveras y las representaciones de la muerte podían servir al «memento mori», a la penitencia y al recuerdo del juicio divino. En el Halloween comercial, los mismos signos suelen emplearse para entretener mediante el miedo, mientras brujas, vampiros y figuras demoníacas adquieren categoría de adornos y productos festivos. Esa diferencia de finalidad importa. La repetición pública de unos símbolos orienta la atención y forma hábitos de sensibilidad; la de otros desplaza la memoria que antes presidía la fecha. El juicio se dirige al contenido objetivo de la celebración que la publicidad y los medios ofrecen y promueven públicamente.

De ahí la gravedad de la trivialización. La muerte, realidad que interpela a todo hombre ante Dios, se convierte en espectáculo; la hechicería, reprobada por la doctrina católica, se vuelve motivo decorativo; los santos, cuyo testimonio explica el nombre mismo de la víspera, quedan fuera de la escena predominante. Esa inversión de los signos es reconocible incluso cuando nadie practica un rito ocultista. Lo superfluo ha reemplazado una ocasión de memoria religiosa y la comercialización ha permitido que ese reemplazo se reproduzca año tras año. La crítica es, por tanto, doble: moral cuando se realizan actos de superstición, y religiosa y cultural cuando se normaliza como entretenimiento aquello que oscurece la santidad y banaliza las realidades últimas.


CONCLUSIÓN. UNA NOCHE RENTABLE, UNA MEMORIA DESALOJADA

La historia permite establecer una conclusión precisa. Halloween recibió su nombre de la víspera católica de Todos los Santos; sus manifestaciones populares incorporaron tradiciones diversas; las rupturas confesionales alteraron en ciertos lugares las prácticas de sufragio por los difuntos; y la cultura estadounidense moderna convirtió la fecha en una fiesta de disfraces, terror y consumo. El mercado de 2026 refleja el resultado de ese proceso: una celebración económica y mediáticamente poderosa cuya existencia ya no depende de recordar a quienes dieron nombre a la jornada. El mito de una continuidad ritual íntegra desde Samhain carece de fundamento suficiente; la secularización del Halloween moderno, en cambio, está documentada por su historia social y comercial.

El juicio doctrinal también es definido. Los actos de espiritismo, adivinación y magia son contrarios al primer mandamiento. La utilización comercial de imágenes macabras no constituye por sí misma ese mismo acto religioso, pero sí puede ser objeto de una crítica fundada por la trivialización de la muerte, del mal y de los símbolos asociados a la superstición. El criterio católico exige ordenar la vida humana a su verdadero fin. La víspera cristiana convocaba a honrar a los santos, imitar sus virtudes y preparar la oración por los difuntos; la celebración comercial dedica su espacio predominante a otros protagonistas y a otros fines.

La inversión es profunda. La antigua Misa pedía gracia para seguir a los santos; el comercio contemporáneo solicita atención, dinero y entusiasmo para una noche de máscaras. Permanecieron el 31 de octubre y su nombre, pero se desplazó aquello que les daba sentido. Recuperar «All Hallows’ Eve» significa devolver a primer plano la santidad, la comunión de la Iglesia y la caridad hacia los muertos: precisamente las verdades que el Halloween comercial ha aprendido a omitir para seguir creciendo.

Formato de cita recomendada: Biblia y Tradición. ALL HALLOWS’ EVE: CÓMO LA VÍSPERA DE TODOS LOS SANTOS SE CONVIRTIÓ EN UN HALLOWEEN PAGANIZANTE Y COMERCIAL. León, Guanajuato, México. Biblia y Tradición, 2026. https://bibliaytradicion.com/2026/10/30/all-hallows-eve-como-la-vispera-de-todos-los-santos-se-convirtio-en-un-halloween-paganizante-y-comercial/

Notas y fuentes documentales ➕📚

[1] Michael Carter, «What are soul cakes and what’s their link with Halloween?», English Heritage, apartado «All Souls’ Day», sobre All-Hallows, All-Hallows Eve y Halloween. https://www.english-heritage.org.uk/halloween/soul-cakes/

[2] «Vigilia de Todos los Santos», textos de la Misa romana anteriores a la reforma de 1955, incluidas colecta, epístola, ofertorio y poscomunión; reproducción litúrgica en Ediciones Católicas. Se utiliza como testimonio textual de una Misa histórica, no como edición crítica del Misal. https://edicionescatolicas.org/misa/vigilia-de-todos-los-santos/ ; véase también el decreto oficial de la nota [12].

[3] National Retail Federation (NRF), «NRF Halloween Survey Shows Consumer Spending Expected to Reach $13.5 Billion», comunicado original del 22 de septiembre de 2026. Encuesta de Prosper Insights & Analytics realizada entre el 1 y el 9 de septiembre de 2026, con 7.889 participantes estadounidenses y margen de error declarado de ±1,1 puntos porcentuales. Previsiones de gasto y participación, no resultados realizados. https://nrf.com/media-center/press-releases/nrf-halloween-survey-shows-consumer-spending-expected-to-reach-13-5-billion

[4] «All Saints’ Day», The Catholic Encyclopedia (1907), sobre los antecedentes del culto a los mártires, la dedicación del Panteón, Gregorio III y Gregorio IV. https://www.newadvent.org/cathen/01315a.htm ; «All Saints, Solemnity of», New Catholic Encyclopedia, entrada histórica y precisiones sobre la cronología. https://www.encyclopedia.com/religion/encyclopedias-almanacs-transcripts-and-maps/all-saints-solemnity

[5] «All Souls’ Day», The Catholic Encyclopedia, sobre la conmemoración del 2 de noviembre y la difusión cluniacense. https://www.newadvent.org/cathen/01315b.htm

[6] Catechismo Maggiore di San Pio X, parte segunda, capítulos X-XI, preguntas 207-215 (numeración italiana), especialmente 208 y 212; traducciones españolas en el cuerpo: paráfrasis fieles de esas respuestas. https://www.museosanpiox.it/documenti-scritti-da-pio-x/il-catechismo-maggiore-di-san-pio-x/parte-seconda-delle-feste-solenni-della-b-vergine-e-delle-feste-dei-santi/ ; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 957-958, texto oficial en español. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p123a9p5_sp.html

[7] Peter Marshall, Beliefs and the Dead in Reformation England, Oxford University Press, 2002, capítulo 4, «The Regulation of the Dead: Ritual and Reform in the English Church, c.1560–1630», pp. 124-187. La referencia al esfuerzo contra las campanas de Halloween y contra los sufragios procede del resumen académico del capítulo publicado por Oxford; no se presenta como cita literal del texto íntegro. https://academic.oup.com/book/9772/chapter-abstract/156959447

[8] Michael Carter, «What are soul cakes and what’s their link with Halloween?», English Heritage, secciones «Going souling», «How old is the tradition of giving soul cakes?» y «Links with trick-or-treating». Referencias allí transcritas a John Mirk (c. 1400), Thomas Blount, Glossographia (1674), y John Aubrey. https://www.english-heritage.org.uk/halloween/soul-cakes/

[9] Lesley Bannatyne, «When Halloween Was All Tricks and No Treats», Zócalo Public Square / Smithsonian Magazine, 27 de octubre de 2017. Investigación histórica divulgativa sobre vandalismo, celebraciones comunitarias, medios de comunicación y difusión de «trick or treat» en Estados Unidos. https://www.smithsonianmag.com/history/when-halloween-was-all-tricks-no-treats-180966996/

[10] Nicholas Rogers, Halloween: From Pagan Ritual to Party Night, Oxford University Press, 2002, especialmente el capítulo 3, «Coming Over: Halloween in North America», y el capítulo 5, «Halloween Goes to Hollywood». Se emplea la información bibliográfica y el temario editorial verificables; no se atribuyen citas textuales a capítulos no consultados íntegramente. https://academic.oup.com/book/47512

[11] Ronald E. Hutton, «The Celtic New Year and Feast of the Dead», Folklore, vol. 135, n.º 1 (2024), pp. 69-86, DOI 10.1080/0015587X.2023.2282282, particularmente la sección «Conclusion», disponible en la versión web del editor. https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/0015587X.2023.2282282 ; registro académico de la Universidad de Bristol: https://research-information.bris.ac.uk/en/publications/the-celtic-new-year-and-feast-of-the-dead/

[12] Sagrada Congregación de Ritos, decreto general De rubricis ad simpliciorem formam redigendis, 23 de marzo de 1955, Acta Apostolicae Sedis, vol. 47 (1955), pp. 218-224. Entrada en vigor: p. 219. Vigilias conservadas y supresión de las demás: p. 220, título II, apartado b, nn. 8-9. Las frases latinas y su correspondencia española fueron comprobadas en el documento oficial. https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-47-1955-ocr.pdf

[13] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, II-II, q. 92 (superstición), q. 96 (observancias supersticiosas), q. 168, a. 2 (recreación y virtud). https://www.newadvent.org/summa/3092.htm ; https://www.newadvent.org/summa/3096.htm ; https://www.newadvent.org/summa/3168.htm

[14] Catechismo Maggiore di San Pio X, parte tercera, capítulo II, § 1, preguntas 361 y 364-366, edición italiana; Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 2110-2117, texto oficial en español. https://www.museosanpiox.it/documenti-scritti-da-pio-x/il-catechismo-maggiore-di-san-pio-x/parte-terza-dei-comandamenti-di-dio-e-della-chiesa/ ; https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c1a1_sp.html



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